Luis Galván fue uno de los grandes defensores de la Selección Argentina. El santiagueño se consagró campeón del mundo en 1978, pero su historia es, además, un ejemplo de superación y constancia. Oriundo de Fernández, una ciudad cercana a la capital santiagueña, Galván comenzó allí su camino hasta levantar la Copa del Mundo en el estadio Monumental de River. Sin embargo, nunca olvidó sus orígenes y siempre evocó con cariño aquellos momentos vividos en tierras santiagueñas.
En una entrevista con el canal oficial de Talleres, realizada hace ocho años, el zaguero relataba cómo fue la transición del fútbol local al club cordobés durante la década de 1970:
“En ese momento, en Fernández —que no era una ciudad, sino un pueblo— se jugaba en la calle, en las canchitas... Se ve que tenía condiciones y empecé a jugar en Independiente. Jugué tres partidos en Reserva y me subieron a Primera de la Liga Bandeña. Era chico, tenía 17 años. Ahí jugué cuatro años, hasta que me compró Unión de Santiago, donde estuve cuatro años más, y después pasé a Talleres”, recordaba Galván.
Otro de los temas que mencionó fue la asistencia de público en los estadios: “En Santiago no iba mucha gente a la cancha, salvo cuando se jugaba contra los grandes de la capital, como Central Córdoba o Mitre. Pero Talleres llevaba mucha gente. Encima, había canchas que no tenían tribunas, y vos te dabas cuenta por la cantidad de personas alrededor del alambre”, explicaba.